Entre
la sociedad y las instituciones educativas existe una estrecha relación, ya que
la sociedad es el resultado de la escuela que tenemos actualmente. Como muchos
de nosotros ya sabemos, dentro cada sociedad habita un gran número de personas,
que comparten un mismo territorio donde se habla un mismo idioma y tiene una
misma cultura. Dentro de las instituciones educativas se fomenta la educación,
que es uno de los motores más importante que impulsa el desarrollo de toda
sociedad. Los distintos sistemas educativos realizan enormes esfuerzos para
conseguir una mejora progresiva de la calidad educativa. Toda mejora que se
realice en un sistema educativo, no tendrá su repercusión positiva en la
sociedad al instante, sino que tendremos que esperar para observar los cambios
significativos para nuestra sociedad a medio y largo plazo.
En
suma, podemos decir que no puede existir una buena sociedad sí, tras esta, no
encontramos una buena educación. La “fusión” entre la sociedad y la educación
van tallando el carácter de la persona. El buen funcionamiento del sistema
educativo dentro de una sociedad depende de todo aquello que la sociedad quiera
ofrecer, teniendo en cuenta los ideales y posibilidades de cada una de ellas.
El papel que tienen las escuelas dentro de las distintas sociedades es importantísimo, aunque éste siempre está
determinado por las condiciones específicas que tenga cada sociedad (contexto
histórico-sociocultural). La escuela está llamada a promover nuevos retos
dentro de la sociedad. Tiene un papel que debe estar encaminado a democratizar
el saber, transmitiendo desarrollo tecnológico y científico, teniendo presente
recursos que permitan mantener el patrimonio cultural de los distintos pueblos.
Por
todos estos motivos, sería muy importante empezar a introducir a las familias
en la escuela mediante una participación activa de los padres y madres en la
educación de sus hijos. Se podrían organizar actividades para padres e hijos,
las cuáles puedan enriquecer tanto a unos como otros, ya que no sólo los más
pequeños podrían aprender, sino también sería un modo activo en el que los
padres pudieran aprender y enriquecerse aún más gracias a sus hijos. No podemos
olvidar que la escuela no es la única institución que enseña, sino que la
primera escuela está en el seno de las distintas familias. Nuestros alumnos
demuestran en la clase más aprendizajes empíricos de lo que aprenden en la
misma, ya que en las experiencias familiares y sociales extraen valores y
conocimientos que utilizan a lo largo de su vida.
Para
terminar y viendo todos los argumentos dados, podemos afirmar que es necesario
una relación eficaz y activa entre sociedad y escuela para poder llegar a
encontrar la solución a los problemas
que tienen actualmente nuestras instituciones educativas.
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